
La berrea en el norte de Baviera
Lo esencial en breve:
- Época de berrea del ciervo rojo: de finales de septiembre a mediados de octubre
- Bramidos del ciervo rojo en la berrea: los bramidos graves de los machos
- Lugar: una zona boscosa del norte de Baviera
- Actividad: los ciervos están activos al amanecer y al anochecer
- Contenido del artículo: observación y fotografía de ciervos machos y hembras
- Equipo: ropa de camuflaje, cámara, prismáticos, micrófono y linterna de luz roja
- Reto: la oscuridad, la niebla y lo sensibles que son los ciervos
- Resultado: momentos inolvidables y una serie de imágenes que impresiona
Índice
- La magia de la berrea: una experiencia inolvidable
- El silencio del bosque y el primer bramido
- A la busca de los ciervos
- Los primeros avistamientos, un momento especial
- La retirada de los ciervos rojos
- Un día lleno de emociones
- Los días siguientes de la berrea
La magia de la berrea: una experiencia inolvidable
Era una mañana fresca de otoño, a finales de septiembre, cuando mi mujer y yo decidimos meternos en una aventura especial: observar la berrea en una zona boscosa del norte de Baviera. Mientras muchos fotógrafos de naturaleza tiran hacia regiones conocidas como el Müritz o el Darß, esta vez nos decidimos por vivir el espectáculo delante de nuestra propia puerta.
Nota: fuimos a una zona boscosa que conocíamos bien y de la que sabía que la berrea estaba en marcha en esas fechas. Si planeas una salida así, familiarízate antes con el terreno. Visita el sitio con luz de día para explorar los caminos y los puntos posibles, antes de andar por ahí a oscuras y molestar a los animales. Tenlo muy en cuenta para evitar molestias innecesarias.
El reto: poner delante de la cámara a los ciervos rojos de nuestra zona es un reto de verdad. Son extremadamente esquivos, por la presión cinegética y por el lobo que vive aquí. Esa es también la razón por la que durante el día no se ve a los ciervos rojos en zonas abiertas y solo se activan al anochecer y de noche.
El plan era sencillo: madrugar, echar mano de la cámara y salir a buscar a esos ciervos rojos que tanto impresionan.
Nuestros preparativos fueron mínimos: prismáticos, cámara con objetivo luminoso, ropa de colores apagados y una linterna de luz roja para movernos seguros en la oscuridad. Pero sobre todo teníamos que ser pacientes y estar atentos. Iba a ser una primera salida de reconocimiento, en la que la fotografía no estaba en primer lugar. Saber si hay ciervos y dónde encontrarlos era el objetivo principal, para planificar en los días siguientes un aguardo concreto para fotografiar.
El silencio del bosque y el primer bramido
Todavía era de noche cuando empezamos nuestra aventura, que nos llevó por el bosque mojado. La lluvia de las horas anteriores había dejado huella: el suelo estaba mojado y el ruido de las gotas cayendo de los árboles estaba por todas partes. Había sapos cruzando el camino mojado; gracias a la linterna de luz roja los vimos a tiempo y no los pisamos. Después de unos 250 metros lo oímos: el primer bramido de berrea de un ciervo rojo (Cervus elaphus) atravesó el silencio. Un sonido grave y ronco que nos llegó por dentro. Nos paramos un momento y escuchamos los bramidos que nos llegaban de lejos.
Estos momentos, en los que los sonidos del bosque te afinan los sentidos, son muy intensos. No había ruidos molestos del día a día: solo los animales y nosotros.
A la busca de los ciervos
Seguimos los bramidos y avanzamos en silencio al amparo del bosque. Gracias a la linterna de luz roja podíamos ver el camino sin llamar la atención de los animales. Impresionaba sobre todo la calma que había en la naturaleza a esa hora. Todo parecía detenido mientras el concierto de los ciervos iba creciendo.
Tras un rato a pie llegamos a una pequeña elevación dentro del bosque. Desde allí teníamos vista sobre un claro amplio en un paisaje de ribera. La niebla pasaba sobre el terreno abierto, lo que daba un ambiente casi místico. Todavía no podíamos ver a los ciervos, pero se notaba que estaban cerca por los bramidos.

Los primeros avistamientos, un momento especial
Al cabo de un rato cambiamos de posición hacia el paisaje de ribera abierto. Nos quedamos siempre al amparo del bosque y en los caminos públicos. Así pudimos reducir todo lo posible el ruido de nuestros pasos. Poco antes del borde del bosque y del terreno abierto vimos varias ciervas (Cervus elaphus) al otro extremo del claro. Despacio y con cuidado nos pusimos en cuclillas, todavía al amparo del bosque. Cualquier movimiento imprudente las habría espantado, así que nos quedamos en esa posición y disfrutamos de la estampa de los ciervos rojos en su comportamiento natural.

Y entonces pasó: salió un ciervo macho imponente. Su gran cuerna brillaba débilmente con la luz de la penumbra. El ciervo se paró un momento, orgulloso y lleno de fuerza. El momento perfecto para echar mano de la cámara y hacer una serie de tomas. Mi equipo enseñó aquí sus puntos fuertes: con la Sony A1 y el 400 mm f/2.8 pude hacer una serie a pulso en esa situación de poca luz.

Fue un momento impresionante: ver al ciervo macho en todo su esplendor sin que se hubiera dado cuenta de nosotros. La calma de la naturaleza, los bramidos potentes de fondo y esa cercanía única a unos animales que impresionan tanto convirtieron el instante en una experiencia inolvidable.

Condiciones de luz difíciles
El histograma deja claras las condiciones de luz difíciles en las que se hizo la toma. Por la mala luz tuve que elegir un tiempo de exposición largo con el teleobjetivo y fotografiar a pulso, sin trípode. Como se ve bien en la zona izquierda del histograma, dominan los píxeles oscuros, lo que indica la subexposición: a pesar de los ajustes adaptados de la cámara, la escena seguía siendo bastante oscura.
Distancia focal: 400 mm – Diafragma: f/2.8 – Velocidad de obturación: 1/125 – ISO: 12800
La retirada de los ciervos rojos
Cuando la penumbra fue avanzando y la luz cambió, unos 15 minutos antes de la salida del sol, los animales empezaron a retirarse despacio. Lo llamativo es que ese comportamiento se repitió los días siguientes exactamente a la misma hora. La niebla volvió a espesarse y los ciervos desaparecieron en el bosque, a resguardo. Nos quedamos sentados un rato más escuchando los bramidos, cada vez más flojos.
Serían unos diez minutos después de la salida del sol cuando emprendimos también nosotros la vuelta. El silencio del bosque después de aquel espectáculo tenía algo de calmante. Nuestra misión no solo salió bien: superó nuestras expectativas. No solo habíamos oído la berrea en el norte de Baviera, también la habíamos vivido a fondo y la habíamos podido fotografiar, una sensación estupenda.
Pero esa experiencia no iba a ser la única de la mañana. De vuelta pasamos junto a un pequeño prado pegado al bosque en el que de repente distinguimos una cuerna entre la espesura.

Despacio y en silencio nos fuimos acercando agachados. Entre el ciervo y yo había un matorral que me daba cobertura y me permitía hacer una foto a través de la vegetación, algo incorporado desde la posición en cuclillas. Un momento muy impresionante: me separaban quizá 20 metros del gigante del bosque. Mi mujer y yo nos quedamos un rato más en cuclillas mientras el ciervo rojo se iba alejando poco a poco hacia el borde del bosque, hasta que acabó desapareciendo dentro.

Un día lleno de emociones bonitas
El resto del día estuvo marcado por lo que habíamos vivido por la mañana. Los bramidos de los ciervos, el ambiente de la niebla y la cercanía a los animales dejaron una huella duradera. No solo habíamos vivido la naturaleza de cerca: también habíamos fijado en imágenes la belleza y la fuerza de los ciervos rojos en ese momento, y eso es lo que lo hace inolvidable.
Los días siguientes de la berrea
Los días siguientes volvimos a probar suerte y nos sentamos de madrugada en las posiciones que habíamos localizado antes, para hacer tomas concretas de imagen y de sonido. Las grabaciones de sonido nos salieron bien, pero más imágenes no hubo: el tiempo nos estropeó los planes.

La niebla espesa impedía ver a los animales. Aunque los bramidos de la berrea estaban muy cerca, no pudimos avistar a esos ciervos rojos tan poderosos. Y, como ya he dicho, los ciervos desaparecían a resguardo del bosque unos 15 minutos antes de la salida del sol, como si hubieran puesto un despertador. Aun así, esas salidas de berrea también salieron bien, porque pudimos hacer unas grabaciones de sonido únicas.
Datos sobre los sentidos del ciervo rojo y medidas para fotógrafos

Aguardo camuflado con la percepción del color humana

Los datos siguientes te ayudan a pasar desapercibido durante la berrea y a no molestar a los animales.
- Olfato muy desarrollado: los ciervos rojos perciben los olores a gran distancia y ventean a las personas ya desde lejos.
- Medida: evita productos de olor fuerte como el perfume o el desodorante y usa jabones sin olor. Procura ponerte contra el viento, para que tu olor no llegue hasta los ciervos.
- Campo visual amplio: los ciervos rojos tienen un campo visual de casi 300 grados, con lo que detectan pronto los movimientos.
- Medida: aprovecha las coberturas naturales como árboles y arbustos. Muévete despacio para no llamar la atención dentro del campo visual de los ciervos.
- Visión del color limitada: a los ciervos los tonos rojos les parecen grises, mientras que perciben mejor los tonos azules y verdes.
- Medida: lleva colores apagados como el gris, el marrón o el verde, para confundirte mejor con el entorno natural.
- Sensibilidad al azul y a la luz UV: los ciervos son especialmente sensibles al azul y a la luz UV, porque los perciben bien. El azul puede funcionar así como color de señal para estos animales.
- Medida: evita la ropa con tejidos que reflejan los rayos UV y usa detergentes sin aditivos UV, para llamar menos la atención.
- Visión nocturna: los ciervos ven bien en la penumbra y de noche, lo que les ayuda a buscar comida y a huir.
- Medida: usa una linterna de luz roja, porque la luz roja molesta menos a los animales y te permite moverte de forma más discreta.
- Oído fino: los ciervos rojos tienen un oído excelente y reaccionan con sensibilidad al menor ruido.
- Medida: lleva ropa de materiales silenciosos y muévete despacio y con cuidado, para reducir al mínimo ruidos como el roce de la tela o las pisadas sobre hojas y ramas.
- Movimiento independiente de las orejas: los ciervos pueden mover las orejas de forma independiente y captar sonidos de distintas direcciones.
- Medida: evita los ruidos repentinos y fuertes. No hables y maneja la cámara lo más silenciosamente posible (obturación electrónica).
- Huida rápida ante los movimientos: los ciervos reaccionan al momento ante cualquier movimiento sospechoso y huyen rápido para escapar del peligro.
- Medida: muévete con cuidado y despacio. Intenta hacer pausas cortas en vez de ir deprisa de un punto a otro.
FAQ sobre la berrea
1. ¿Cuándo empieza la berrea en Alemania?
La época de berrea del ciervo rojo empieza hacia mediados de septiembre y dura hasta mediados de octubre. Es el mejor momento para observar a los animales.
2. ¿Cómo de cerca puedo llegar sin molestar a los ciervos?
Lo mejor es que mantengas siempre una distancia grande, algo que contribuye a tu seguridad y a la de los animales. Con unos prismáticos o un teleobjetivo puedes hacer tomas que impresionan también desde más lejos, sin molestarlos.
3. ¿Qué debo tener en cuenta al fotografiar durante la berrea?
Lo importante es que tengas paciencia y estés en silencio. Procura ponerte siempre contra el viento, para que los ciervos no te venteen. Ten en cuenta también que eres un invitado entre los animales silvestres y que deberías comportarte con el respeto correspondiente hacia la naturaleza y hacia ellos. Además, los ciervos rojos no son animales de compañía y saben defenderse ante el peligro. En esta época los machos van especialmente cargados de hormonas, lo que los hace fáciles de irritar.
4. ¿Qué equipo necesito para fotografiar ciervos?
Se recomienda una cámara, un teleobjetivo luminoso de al menos 400 mm de distancia focal y un trípode. La ropa de camuflaje y las linternas de luz roja también ayudan.
5. ¿Por qué braman los ciervos durante la berrea?
Los bramidos de los ciervos sirven para intimidar a los rivales y atraer a las hembras. Son una señal de fuerza y de dominio.


