
Parte 2 – El método
En 2022, uno de mis objetivos fotográficos era conseguir en Baviera imágenes de pigargos europeos que mostraran algo más que un águila en el cielo azul. En el Alto Palatinado bávaro las probabilidades de observar un pigargo europeo (Haliaeetus albicilla) no son malas, siempre que uno esté en el lugar adecuado en el momento adecuado.
Los pigargos europeos (Haliaeetus albicilla) están ligados a las masas de agua, y en el Alto Palatinado hay un gran número de lagos y charcas. Algunas de estas masas de agua se vacían en otoño, lo que atrae a las rapaces, porque resulta más fácil capturar un pez en aguas menos profundas. En invierno, cuando el alimento escasea, las aves se concentran en algunos lagos que no se hielan por completo. Para los pigargos eso puede suponer una fuente potencial de alimento. Por eso conviene tener en cuenta esos lugares cuando se sale en busca del rey de los aires.
Con mis conocimientos sobre los pigargos europeos y con las observaciones y experiencias de los dos últimos años, apenas podía esperar a que llegara marzo. Ya sabía adónde tenía que ir, aunque no hubiera ninguna garantía de éxito. Porque aunque conozcas una zona en la que viven pigargos, todavía hay que encontrar el sitio adecuado, aquel en el que realmente te los encuentras. Un águila así tiene un territorio que puede extenderse hasta 50 kilómetros cuadrados.
Así que lo que hice fue ir a la zona en la que ya había observado a estos animales y ponerme al acecho. Eso no significa otra cosa que sentarse en un sitio y observar. Al principio suena poco espectacular, y para alguno de vosotros quizá lo sea.
Para mí, sin embargo, además de captar lo que ocurre en una zona determinada, es también la mejor manera de desconectar y dejar atrás la rutina durante unas horas. Además, uno suele tener la oportunidad, después del amanecer, de encontrarse con algún vecino del lugar o con algún fotógrafo de naturaleza y ponerse a hablar. Así se consiguen a menudo consejos valiosos que quizá te acerquen al objetivo.
Justo esa suerte tuve aquel día. Me encontré con una pareja que también estaba fotografiando. Me contaron que habían observado y fotografiado desde lejos varios pigargos europeos (Haliaeetus albicilla) sobre un árbol muerto. Mientras charlábamos, un pigargo pasó incluso volando por encima de nosotros. No necesitaba más pistas para ponerme manos a la obra. 😃
Mi plan era ahora estar al día siguiente antes del amanecer en el punto donde la pareja había avistado los pigargos. Como la zona no me era ajena, sabía dónde estaba ese lugar. Además ayudó que allí hubiera un observatorio desde el que se tiene una vista más amplia sobre dos charcas. Ideal para comprobar primero la zona y la actividad que hay en ella.

Dicho y hecho. Al día siguiente nos levantamos a las 3; una hora de viaje y 30 minutos de camino a pie después estábamos listos para esperar y observar. La espera no duró mucho: ¡diana! Un pigargo joven sobrevoló una de las charcas junto a las que nos habíamos colocado. Cuando digo “nos”, me refiero a mi mujer y a mí. Casi siempre salimos juntos y compartimos esta afición y las vivencias que trae consigo.
¡Y el pigargo joven nos ofreció acción enseguida!
Se había propuesto atacar a una barnacla canadiense que, por una vez, nadaba tranquila en la charca – cualquiera que conozca a las barnaclas canadienses sabe a qué me refiero con “por una vez tranquila”. 😜 El reto que se había impuesto el joven águila era considerable. No es que un pigargo no sea capaz de atrapar un ganso, pero el gasto de energía y de fuerza es enorme dado el notable tamaño del ave. La táctica del águila buscaba agotar a la presa: el animal es atacado sin descanso desde el aire y se sumerge una y otra vez. Esto continúa hasta que las fuerzas de la barnacla se agotan y al pigargo solo le queda atraparla y mantenerla bajo el agua hasta que ya no ofrece resistencia. En resumen, la ahoga y luego la arrastra a tierra para comérsela. Como los animales siempre vigilan su balance energético, un pigargo solo atacaría una presa tan grande y sana si la situación alimentaria fuera difícil. Este intento del joven pigargo se puede valorar, por tanto, más bien como imprudencia juvenil. 😃 Al cabo de un rato el joven águila pareció darse cuenta también y dejó en paz a la barnacla.
Como la luz no era especialmente buena y todo el espectáculo ocurría demasiado lejos para hacer fotos, intenté grabar ese momento. El vídeo lo podéis ver aquí, debajo de este párrafo. Por desgracia todo fue tan rápido que la grabación tampoco es de la mejor calidad. Pero me alegro de haber podido hacerla: algo así no se ve todos los días.
Más tarde, al cabo de una hora aproximadamente, pudimos avistar cuatro águilas jóvenes, aunque todas estaban demasiado lejos para conseguir buenas imágenes. Por eso me fui acercando con sigilo hacia un árbol muerto en el que las jóvenes se habían posado antes. Para no espantarlas esperé a que se marcharan volando y después me puse en camino.
A este respecto debo mencionar que siempre me muevo por caminos públicos y nunca me salgo de ellos. Sobre todo en espacios naturales protegidos esta es una regla básica que hay que respetar siempre.
Volvamos a las águilas: aproveché la ocasión, avancé sigilosamente por el camino y me aposté en la orilla de la charca detrás de un árbol. Camuflé la cámara y el trípode con una pequeña red. No tardó mucho en volver el primer águila joven al árbol. Quince minutos después había cuatro allí posadas: una estampa que nunca había visto así. ¡Bingo! La distancia seguía siendo considerable, unos 150 metros, pero era salvable.






Para quien le interese, aquel día llevaba el siguiente equipo:
- Objetivo: Sony 200 – 600 mm F5,6 / 6,3
- Cámara: Sony a7R IV
- Trípode: Rollei Rock Solid Alpha XL Mark II Carbon
- Rótula: Flexshooter Pro Lever
Para ser el primer intento no salió nada mal, aunque las tomas no fueran las mejores. Pero para fines de documentación desde luego servían. La experiencia en sí ya fue realmente emocionante.
Aguanté allí todavía un buen rato y pude ser testigo de combates aéreos, o más bien de peleas. Al final tres pigargos pasaron a mi lado volando uno encima de otro y desaparecieron hacia otra zona de charcas. Esa fue para mí la señal de dar por terminada la jornada y volver a probar suerte el fin de semana siguiente, esta vez con mejor preparación y un puesto de espera camuflado.
En la tercera parte de la serie “Fotografiar pigargos europeos en el Alto Palatinado” contaré mis tres días en el puesto de espera y todo lo que ocurrió.
Si vosotros también habéis observado o fotografiado pigargos europeos alguna vez, contadme en los comentarios cuál fue para vosotros el mayor reto, desde la planificación hasta la ejecución.
¡Hasta pronto!


Siempre hay otros animales interesantes que observar mientras esperas a un objetivo concreto. En este caso un martín pescador común fue visita breve y una garceta grande mostró su destreza cazadora.


