
Mi inicio de temporada empezó el segundo día a las cinco de la mañana, cuando me levanté de la cama y puse café para la jornada que venía. Mi mujer y yo habíamos quedado con un amigo fotógrafo de naturaleza que comparte con nosotros la pasión por la naturaleza y por fotografiar. Nos citamos a las 6:30 h en el Alto Palatinado (Baviera) para observar grullas y dejar constancia visual de ellas. Mi colega Richard (echa un vistazo a su Instagram: @bergsteiger_1911) había descubierto y observado los días anteriores una pareja de grullas por la zona.
Ver grullas (Grus grus) por aquí tiene su mérito, porque la zona de Franconia y el Alto Palatinado no es una ruta principal de la grulla (más información sobre las rutas migratorias de la grulla en Alemania). Aun así, desde hace unos años se está formando también en el sur de Alemania, en concreto en Baviera y Baden-Wurtemberg, una nueva ruta de la grulla. Por aquí pasan ya varios cientos de grullas desde el norte del antepaís alpino en dirección oeste hacia Francia.

Pero sigamos 😀. Cuando llegamos a nuestro destino, nos dirigimos a una pradera húmeda que estaba cerca de una mancha de bosque. El camino a pie desde el aparcamiento hasta el prado duró unos 10 minutos; cuando llegamos, acababa de salir el sol, según la hora. Porque el tiempo era gris oscuro y tormentoso, con algo de nieve. Nos habíamos puesto todos un poncho de camuflaje y nos colocamos en el prado, muy pegados a una pequeña isla de árboles. El estampado oscuro del poncho y el fondo ayudaban a romper nuestra silueta humana.
No tardamos mucho en vivir el primer momento emocionante. Un pigargo europeo joven pasó volando a cierta distancia, a nuestra derecha, sobre una de las muchas balsas de la zona. Aún pude sacar una instantánea antes de que se alejara demasiado. Pasaron quizá dos o tres minutos hasta que sobre esa misma balsa se vio levantar de golpe a patos, cormoranes y ánsares. Estaba claro que las aves acuáticas de allí también habían descubierto al pigargo. Que distintas aves acuáticas se levanten a la vez es en la mayoría de los casos una señal de que se acerca un depredador: una señal de alarma natural.
Consejo: fíjate la próxima vez que estés en una zona de pigargos. Ese comportamiento o señal te avisa, antes incluso de que veas al causante del alboroto, de que se acerca algo que puede ser peligroso para los animales que se levantan. Y para ti puede ser la señal de tener la cámara preparada.


Algo más tarde se sumaron otras aves, como garcetas grandes, un busardo, estorninos y cormoranes, a los animales que podíamos observar desde nuestra posición. Por desgracia, grullas ninguna.
Después de un par de horas, Richard dijo: «Vamos a otro sitio donde he podido ver las grullas estos últimos días. Igual allí tenemos más suerte.«
Tras pensarlo un momento, respondí: «Vale, vamos a echar un vistazo.» Como en el prado no había animales cerca a los que pudiéramos espantar y las posibilidades de fotografiar grullas eran más bien pocas, nada impedía pasar de un aguardo fotográfico a una salida de observación.
Consejo: ¿por qué me lo pensé un momento antes de cambiar de sitio?
Como ya he comentado varias veces en mis artículos, fotografiar animales salvajes a poca distancia exige mucha paciencia. Eso incluye integrarse en la naturaleza, no llamar la atención como persona y quedarse quieto. Si vas saltando de un sitio a otro, es más fácil que espantes a los animales o que se queden a mucha distancia. ¡Deja que la naturaleza venga a ti!
Condujimos unos 15 minutos hasta el siguiente espacio natural. Aquí había muchas graveras inundadas y un prado húmedo enorme. Era una zona de libre acceso que al parecer pertenecía a una sociedad de pescadores. Lo primero que vimos fueron tarros canelos, ánsares comunes y estorninos. Aprovechamos primero la ocasión para desayunar algo y tomar un café. Mientras tanto pudimos observar todavía una garceta grande, cuervos y un milano real. Fue una sorpresa, porque nunca había visto un milano real tan pronto por la zona. Ya había leído que en algunas zonas hay milanos reales que se quedan durante el invierno y no bajan al sur. En fin, ni idea de si esta ave era una de ellas. En todo caso, daba gusto verlo. Una corneja perseguía y hostigaba al milano real. Por desgracia los dos tenían el sol de espaldas, lo que daba una situación de contraluz difícil para sacar una foto decente. Pero alguna foto de la escena sí que hubo.




Entonces vi un alcaudón norteño a unos 150 m. El año pasado, en noviembre, había podido observar uno por primera vez en mi vida, pero aquel estaba muy lejos.
Cogí el monopié y la cámara y me fui acercando despacio al rececho. Richard vino conmigo; él ya había podido fotografiar a esta ave en su última observación de las grullas. Fuimos en dirección al arbusto al borde de un camino forestal donde el ave estaba posada. Nos quedamos a unos 70 m e hicimos unas cuantas tomas. Para no espantar al animal mantuvimos siempre unos 50 m de distancia. El alcaudón norteño cambió una vez más de sitio y voló al lado opuesto del arbusto donde estaba antes, y se posó en un poste rojo junto al carrizo.
Perfecto: ya teníamos en el bolsillo una foto de un alcaudón norteño posado al descubierto para documentarlo, y eso ya es algo. Esta foto me va a servir sobre todo para planificar más adelante cómo fotografiar al alcaudón norteño como yo me lo imagino. Salidas como la de hoy siempre me ayudan con la planificación.
¿De qué me sirve ahora una foto así?
Muy sencillo: me ayuda a recordar mejor dónde fue, la situación y cómo era el terreno, y además son siempre fotos para identificar después una especie cuando no la conozco. Al hacerlo te documentas casi sin querer y aprendes algo más sobre el animal. Llamemos a una foto así una nota visual; cada persona funciona de una manera, y para mí es más eficaz que una tabla de Excel 😀

Así pasó la mañana. Después de lo del alcaudón norteño decidimos ir a un último punto y cerrar con él nuestro safari por el Alto Palatinado. El último destino quedaba un poco más lejos, y el sitio lo puedo nombrar tranquilamente, porque es un lugar público y conocido.
El cierre lo puso el Rußweiher, en el telescopio de observación, para poder ver el nido del águila pescadora. Por cierto, también se puede seguir en una retransmisión en directo en YouTube y acompañar la cría de las águilas pescadoras.
De camino nos encontramos al borde de la carretera, en los prados, con numerosos ánsares comunes. Aproveché la ocasión para sacarles una foto en vuelo.

Después de un buen rato de coche llegamos al lago grande. El tiempo no mejoró a lo largo del día y en el lago soplaba un viento fuerte. La mayoría de las aves acuáticas, como cisnes, garcetas grandes, ánades azulones, cormoranes y serretas grandes, se quedaban en la orilla, salvo los porrones moñudos y los porrones europeos, que nadaban más hacia el centro. También pudimos ver unos cuantos porrones osculados, que ya habíamos visto en un punto anterior. Por desgracia los patos estaban demasiado lejos para conseguir una foto que llenara el encuadre. Llevaba mucho tiempo queriendo fotografiar al porrón osculado, pero hasta ahora nunca se había dado la ocasión. Aunque tampoco estaba lo más alto de mi lista de prioridades.
Estaba yo a la orilla del agua con la cámara en la mano cuando Richard gritó de repente: «¡Ahí viene un porrón osculado volando a ras del agua!» Miré a la derecha y vi pasar disparado a ese animal precioso, pero no llegué a tiempo de sacarlo en una foto y solo pillé la parte trasera. Por suerte hubo una segunda oportunidad, porque justo detrás del pato que se me escapó apareció otro. Richard también me avisó de ese. Esta vez pude seguirlo en el visor de mi cámara y apretar el disparador. Así que, me dije, al final sí hay una imagen aceptable, aunque las condiciones de luz fueran todo menos buenas. La foto del porrón osculado es mi imagen de portada de hoy y puedes verla arriba del todo en el artículo.

Y como me ha pasado tantas veces estos últimos años: crees que se ha acabado y quieres ponerte camino de casa, y entonces todavía pasa algo. Cuando mi mujer y yo nos habíamos despedido de Richard y estábamos a punto de subir a los coches, se disparó la señal de alarma natural: todas las aves acuáticas levantaron el vuelo. También aquí fue Richard el primero en ver llegar al pigargo europeo joven y en señalarlo con el dedo.
Consejo: al final de un día lleno de observaciones deberías asegurarte de seguir teniendo la cámara a mano, por ejemplo cuando abandonas el sitio donde has estado fotografiando. En los últimos años a mí se me han dado así ocasiones de fotos inesperadas y estupendas.
Para terminar quiero enseñarte dos fotos finales: los patos levantando el vuelo y el pigargo europeo joven que lo provocó. Espero que te hayan gustado mis experiencias de los dos primeros días de mi inicio de temporada 2023. Si todavía no has leído la primera parte, aquí puedes recuperar mi crónica del día anterior: «Inicio de temporada #1«.


Así acabó el día, sin que consiguiéramos nuestro objetivo, ver las grullas, pero aun así fue un día lleno de buenas experiencias y observaciones.
El próximo fin de semana el foco estará en los pigargos europeos: mi primer intento de este año de poner a esas rapaces esquivas delante del objetivo.
Ya os contaré, 😀 hasta entonces buena luz y ¡hasta pronto!


