
24 de diciembre de 2023 – en Driftwood Beach
¡En la tercera parte de mi live blog sigo contando nuestra estancia en la península de Bōsō, en Japón! Después de unos días tranquilos y de descanso en Tokio, de los que hablé en la primera entrada, en la península de Bōsō nos dedicamos a más aventuras de exploración. Durante nuestras salidas vivimos algunos momentos inesperados y agradables. Si no has seguido las primeras semanas de nuestra estancia en Japón, aquí lo puedes leer todo:
- Live blog: invierno en Tokio y en la península de Bōsō 2023/2024 #1
- Live blog: península de Bōsō 2023 / 2024 #2
En la siguiente y última etapa del viaje te llevamos a Hokkaido, un paraíso natural invernal. Allí nos espera una fauna fascinante, con grullas, ciervos, ardillas voladoras, pigargos y muchos otros animales impresionantes.
Primera etapa entre el Pacífico y el carrizal
En Nochebuena salí por la mañana antes del amanecer para explorar una zona de playa nueva, en concreto Driftwood Beach, que está en la desembocadura del río Izumi. Esta playa es conocida porque el mar arrastra hasta allí una cantidad enorme de madera, como ya deja intuir el nombre. En los meses cálidos vienen tortugas a poner sus huevos. O sea, que no es una playa típica de baño; para quien busque eso, la playa de Kujūkuri (九十九里浜, Kujūkuri-hama), de 66 km, ofrece sitio de sobra para bañarse y sobre todo para surfear.
Entre Driftwood Beach, sus dunas y un curso de agua natural con una zona de carrizo hay una franja ancha de matorral, arbustos y árboles en la que se mueven todo tipo de aves. Justo eso era lo que quería explorar. A lo largo del curso de agua natural va un sendero que serpentea entre las dos láminas de agua.
Y así me puse en marcha. La primera etapa de mi exploración me llevó por el sendero entre una vegetación variada y el canto de los pájaros. Ahí pude observar de todo y sacar alguna que otra imagen. Mi primera salida de la mañana fue circular: 1 km por el sendero y otro tanto de vuelta por las dunas. El camino de las dunas iba mejor para observar y fotografiar, porque estabas a la altura de las copas y tenías el sol naciente a la espalda.
En mi primera etapa pude observar y fotografiar estas especies:
- Bulbul orejipardo (Hypsipetes amaurotis)
- Escribano de Brandt (Emberiza cioides)
- Verderón chino (Chloris sinica)
- Alcaudón bucéfalo (Lanius bucephalus)
- Zorzal eunomo (turdus eunomus)
- Anteojitos japonés (Zosterops japonicus)
- Garza real (Ardea cinerea)
- Ánade azulón (Anas platyrhynchos)
- Cormorán japonés (Japanese cormorant)
- Milano negro (Milvus migrans)
- Águila pescadora (Pandion haliaetus)
- Zorzal cabecipardo (Turdus chrysolaus)
- Roquero solitario (Monticola solitarius)
Aquí un pequeño extracto de mis imágenes de documentación:








Segunda etapa con una casualidad afortunada
La mañana ya había sido muy productiva para ser mi primera exploración de la zona. Al volver al coche cambié el equipo, de la Sony A1 + TC 1.4 + Sony 400 mm F2.8 a la Sony a6700 + Sony 200 – 600 F5.6 / 6.3, porque quería probar esa combinación y andar por la playa con algo más compacto.
Cuando volví a la playa no vi ninguna ave acuática. El mar estaba revuelto y fui paseando por Driftwood Beach. De vez en cuando había pescadores metidos en la espuma de las olas. Aparte de las cantidades de madera, desde simple bambú hasta troncos gruesos, raíces o vigas, no había nada en kilómetros: solo el viento y el fuerte rumor de las olas rompiendo en la playa. Perfecto, justo lo que busco cuando salgo: tranquilidad.
Después de 500 metros por la playa me llamó la atención un grupo de puntos negros sobre la superficie revuelta del agua. Enseguida se me pasó por la cabeza: ¿podrían ser otra vez los negrones americanos?

Así que me fui acercando al rececho al grupo, que subía y bajaba con el oleaje. Eran efectivamente los negrones americanos (Melanitta americana) , que había observado unos días antes en la playa de Kujūkuri. Ahí vi mi oportunidad de poder fotografiarlos y filmarlos por fin de cerca. Solo quedaba salvar un obstáculo: cambiar mi posición para fotografiar con el sol y no contra él. Porque al problema del contraluz se sumaba que estas aves son negras, al menos los machos. Y las hembras tampoco tienen el plumaje mucho más claro.
Aun así aproveché primero la ocasión para hacer unas fotos a contraluz e ir acercándome paso a paso. Nunca se sabe: mejor una imagen a contraluz que quedarse al final sin ninguna. Y así salió una serie de tomas, desde retratos hasta fotos de hábitat.






Tercera etapa del día: un estornino precioso y una foto de paisaje
Después de la gran experiencia con los fascinantes negrones americanos o negrón americano (Melanitta americana) quería ir todavía a una pequeña balsa que había descubierto en Google Maps y que quedaba muy cerca. De camino me llamó la atención un bando de aves oscuras al borde de la carretera. Al principio no conseguí distinguir de qué especie se trataba, así que paré, cogí la cámara y probé suerte. Para eso usé la Sony a6700 + TC 1.4 + 400 mm F2.8. Después, tras una búsqueda rápida en internet, di con el nombre de esos pajarillos oscuros: eran estorninos grises (Spodiopsar cineraceus), una especie de estornino que también es muy bonita de ver.

Después de esa parada corta llegué a la balsa, pero allí ya no me esperaba nada interesante. El sol estaba alto, así que conduje medio kilómetro más hasta el mar. Allí había un escenario precioso, perfecto para una foto de paisaje y para cerrar redondo mi salida de Nochebuena por la península de Bōsō.

Actualización sobre la roca Suzumejima (Meotoiwa):La formación rocosa tal como se ve en la imagen de arriba ya no existe así. Tuve la suerte de poder fotografiar esta obra de arte natural todavía con esa forma. Por desgracia, el arco o puente de roca del lado izquierdo se derrumbó un mes después en un terremoto. Son momentos en los que la fotografía de naturaleza muestra su verdadero sentido.



