
El búho manchú (Bubo blakistoni) en Rausu
Las 15 h; hemos aterrizado en Hokkaido (Japón) y estamos casi en el primer destino. Mi viaje hasta Hokkaido duró, con escalas, unas 24 horas. Salí de Núremberg y seguí vía Viena y Tokyo. En vuelos tan largos no consigo dormir bien y llego cansado. Por eso, al planear el viaje, habíamos previsto una noche cerca del aeropuerto para poder empezar el viaje descansados al día siguiente.
Dicho y hecho.
Al día siguiente recogimos el coche de alquiler y fuimos desde el aeropuerto de Memanbetsu, en un trayecto de dos horas, hasta Rausu, para fotografiar a una de las especies de búho más grandes del mundo.
Más información sobre Rausu y sobre la planificación previa la puedes leer en la primera parte de mi diario de viaje. Diario del Japón salvaje – parte 1

El alojamiento Washi no Yado, en Rausu
Nuestro primer destino era la pensión Washi no Yado, en Rausu. Y por un motivo concreto: además del alojamiento, allí existe la posibilidad de fotografiar al búho manchú (Bubo blakistoni). Es la única forma de observar a este animal escaso en Shiretoko, y una de las dos que hay en todo Japón.
El aguardo fotográfico es de acceso libre para los huéspedes de la pensión.
Los fotógrafos que no se alojan allí también pueden usarlo. En ese caso hay una tarifa de 3000 yenes por noche, que al cambio de entonces eran unos 22 EUR.
El búho manchú
Antes de entrar en el aguardo, el equipo y los ajustes de cámara, quiero darte algunos datos sobre el búho manchú.

Ficha del búho manchú (Bubo blakistoni)
- Especie: especie de búho del género de los búhos reales
- Tamaño: 60 – 72 cm
- Envergadura: hasta 200 cm
- Peso: machos hasta 3,6 kg /hembras hasta 4,6 kg
- Hábitat: bosques con árboles viejos
- Distribución: Rusia, China y Japón
- Alimentación: sobre todo pescado
- Amenaza: Lista Roja – Endangered(en peligro)
Distribución
El búho manchú (Bubo blakistoni) está entre los mayores de su grupo. Por desgracia figura en la Lista Roja de especies amenazadas de extinción como Endangered (en peligro). En Japón quedan solo 140 parejas reproductoras y la población mundial total se estima en unos pocos miles de ejemplares.
¡Y la tendencia es a la baja!
Estos animales prefieren un hábitat concreto: costas boscosas y bosques maduros cerca de arroyos o ríos. Como su alimento principal es el pescado, es además importante que los cursos de agua de su hábitat no se hielen en invierno. Al búho solo se lo encuentra ya en zonas apartadas de Rusia, China y Japón.
El motivo principal de la desaparición de estos animales es la falta de hábitats adecuados. O, mejor dicho, el factor esencial de este problema es, como tantas veces, el ser humano, que los destruye.

Aspecto
Los penachos del búho manchú (Bubo blakistoni) acaban en punta. Mide unos 72 centímetros y tiene una envergadura de hasta dos metros. Las plumas del dorso son de color pardo oscuro y presentan un diseño muy marcado. La zona de la garganta es blanca y sus ojos brillan en naranja y amarillo.
Comportamiento
Esta especie de búho se alimenta sobre todo de pescado y por eso no necesita moverse en silencio, a diferencia de sus parientes. Buscan comida en el agua desde la orilla y al hacerlo parecen algo torpes en sus movimientos. Su presa puede pesar el doble o el triple de su propio peso, y aun así la llevan al nido sin gran esfuerzo. La especie es nocturna, pero caza también al crepúsculo. El nido del búho suele estar en las copas de los árboles o en huecos de árbol a buena altura.
Por la falta de hábitat y la dificultad que eso supone para encontrar comida, los búhos no crían todos los años. Que es uno de los motivos del fuerte retroceso de la población.
El aguardo
La pensión está cerca de la costa del mar de Ojotsk, en un valle pequeño y estrecho del parque nacional de montaña. Por ese valle corre un arroyo o río pequeño (río Chitorai). La pensión y el aguardo están a unos 15 m del cauce.

El aguardo no es uno de esos escondites colocados en el bosque. No: son contenedores habitables, alineados justo al lado de la pensión. El motivo de que sea así lo cuento en el apartado «Historia de la pensión» al final de este artículo.

Los contenedores son amplios, están calefactados y hay comida y bebida a disposición. Al empezar el crepúsculo se encienden en el cauce unos focos que iluminan una zona concreta. En esa zona iluminada artificialmente el búho pescador viene a cazar casi todas las noches. Y lo hace desde hace ya varias décadas. Un motivo es, claro, que allí hay peces suficientes.

Desde el momento en que se enciende la luz ya no se puede salir del aguardo si el búho está cerca.
Allí hay dos posibilidades de aguardo para fotógrafos: los contenedores que acabo de describir y un autobús viejo dado de baja. Está colocado de modo que se puede fotografiar con el cauce de fondo. Aquí existe la posibilidad, con algo de suerte, de retratar al búho cuando levanta el vuelo en dirección a la cámara. El autobús se reserva a fotógrafos de naturaleza con experiencia. Este aguardo está montado de forma espartana: los asientos están fuera y hay tableros de madera como suelo a la altura de las ventanillas, más o menos. Es decir, que no te puedes poner de pie dentro; te sientas en cuclillas en un taburete pequeño y esperas al objeto de deseo.

El equipo que usé
Ya os listé en la primera parte del diario de viaje qué material técnico había metido en la maleta. Para sacar adelante las imágenes del búho pescador usé este equipo:
- Cuerpo Sony A1
- Cuerpo Sony a7R IV
- Objetivo Sony 200 – 600 mm f5.6 / 6.3
- Objetivo Sony 100 – 400 mm f4.5 / 5.6
- Trípode Rollei Rock Solid Alpha XL Mark II Carbon
- Rótula de bola Flexshooter Pro Lever
Los retos de esta localización
El búho pescador es nocturno; sin luz artificial es casi imposible poder fotografiar a esta ave. Incluso con un objetivo luminoso, las posibilidades de conseguir una foto aceptable son más bien pocas.
Para que no se fotografíe con flash pero haya luz disponible, se instalaron en un tramo estrecho del cauce dos soportes grandes de hierro con focos. Así se proporciona una cierta cantidad de luz que va bien a los fotógrafos. Aun así no es que esas luces conviertan la noche en día. Iluminan la zona, pero no la ponen bajo focos como en un estadio.
Se nota en que para las tomas hacían falta tiempos de exposición muy largos. La recomendación que nos dieron en la pensión era de 1/80 de velocidad de obturación. Aun así pensé que probaría también con una velocidad más rápida. Mi idea era que con 20 imágenes por segundo, con la Sony A1, algo aprovechable tendría que salir. Porque 1/80 s puede bastar con un ave posada, pero en vuelo la cosa acaba más bien movida. ¡Y uno de mis objetivos era justamente pillar al búho en vuelo!
Pero mis cálculos no eran del todo acertados, como se vio después. Empecemos por lo que no salta a la vista: la iluminación artificial. Quien tenga experiencia en fotografía de estudio o de boda ya sabe lo que viene ahora.
Yo fotografío el 99,9 % de las veces con el obturador electrónico, o sea, en e-shutter. Es una verdadera ventaja en la fotografía de fauna: ningún ruido al disparar y ninguna vibración del obturador mecánico. Pensaba que el e-shutter también sería una ventaja en este proyecto, porque la luz escaseaba y, con tiempos largos, cuantas menos vibraciones, mejor. ¿O no?
Pero no había contado con el fenómeno del parpadeo y el banding, que puede aparecer al fotografiar con fuentes de luz artificiales.

¿Qué es el banding?
El banding es la formación de franjas, es decir, artefactos de imagen que no solo pueden aparecer en la fotografía digital. En las tomas con iluminación artificial puede producirse parpadeo o banding. Se debe a que las lámparas funcionan con corriente alterna, que cambia el sentido de la polaridad (+-) a una determinada frecuencia de red (velocidad). Las frecuencias son de 50 o 60 Hz, según la red eléctrica de cada país. El ojo humano no percibe el parpadeo por lo alta que es la frecuencia, pero se puede registrar en fotos y vídeos y hacerse así visible.
La frecuencia de red se mide en hercios (Hz); en Europa es de 50 Hz. Traducido, eso significa que la corriente cambia de sentido (polaridad + – ) 50 veces por segundo. En Estados Unidos, por ejemplo, es de 60 Hz, y en Japón la frecuencia es de 50 Hz o 60 Hz según la zona.
Puedes imaginarlo así: cada vez que la corriente cambia de sentido o polaridad, la luz se apaga y se enciende un instante. O sea, en Europa por ejemplo 50 veces por segundo. Y si tu cámara tiene una velocidad de obturación más rápida que 1/50, vas a dejar ese pequeño corte grabado. El e-shutter de la cámara todavía lo favorece más. El tema es demasiado amplio para explicarlo en un par de frases. Una buena explicación, completa, la encuentras en este vídeo.
Medidas contra el parpadeo y el banding
El parpadeo y el banding se pueden reducir ajustando el tiempo de exposición a la frecuencia de la red eléctrica. Es decir, con 50 Hz, a una velocidad de obturación de 1/50 el parpadeo normalmente no aparecerá o se verá muy reducido.
Combinado con desactivar el e-shutter y pasar al obturador mecánico, el riesgo queda minimizado en gran medida, aunque tampoco resuelto al 100 %.
Ajustes de cámara
Modo de disparo
Para aumentar las posibilidades de conseguir una buena imagen usé el modo de ráfaga H+. Con el modo de disparo único uno corre el riesgo de no poder hacer alguna que otra foto, porque el disparo llega simplemente tarde.
Modo de autofoco
Como modo de autofoco elegí AF-C, porque ahí el enfoque sigue al sujeto. Significa que no tengo que volver a poner el foco cada vez que el animal se mueve. Con el autofoco continuo, el sujeto que se mueve se sigue automáticamente. Este ajuste es ideal para sujetos en movimiento.
Área de enfoque
En mis dos cámaras tengo asignadas dos áreas de enfoque como enfoque con botón trasero. Es decir, dos botones, cada uno con un área. Eso me daba y me da la posibilidad de cambiar rápido entre un área amplia y un punto único.

Formato de archivo e información de imagen
Como tuve que pasar al obturador mecánico, mi velocidad de ráfaga en la Sony A1 bajó, claro, de 20 fps a 10 fps, lo que reducía el porcentaje de aciertos con esas condiciones de luz extremas. Aun así no fue el fin del mundo.
Otro factor que cuenta con esas condiciones de luz es la cantidad de información de imagen que se guarda por foto. Para sacar aquí el máximo me decidí por el formato RAW sin comprimir.
En general, en el formato RAW sin comprimir se guarda más información. En algunas cámaras eso puede significar pasar de 12 bits a 14 bits de profundidad de color. Lo que a su vez ayuda muchísimo en el revelado, sobre todo en las zonas subexpuestas. La Sony A1 usa siempre los 14 bits; en mi a7 R IV eso solo entra en juego cuando se elige el formato RAW sin comprimir y se pasa del e-shutter al obturador mecánico.
Yo no fotografío nunca en formato JPG, porque ese formato comprime mucho y limita bastante el revelado. Para fotografía nocturna le recomendaría a cualquiera fotografiar en alguno de los formatos RAW que ofrezca la cámara, y mejor en RAW sin comprimir.
Como comparación con el RAW de 12 o 14 bits de profundidad de color por canal, un archivo JPG tiene una profundidad de solo 8 bits. Con eso ya se puede intuir cuánta menos información aporta un archivo JPEG.
Quien necesite más información sobre la profundidad de color en bits, le puedo recomendar este vídeo.
- Configuración de la cámara:
- Modo de cámara: manual
- Obturador: obturador mecánico
- Formato de archivo: RAW sin comprimir
- Ráfaga: H+
- Modo de autofoco: AF-C
-
Enfoque con botón trasero
- Área de enfoque: Área en el botón AF-On
- Área de enfoque: Punto flexible S en el botón AEL
- Velocidad de obturación: ajustar a la frecuencia de la red 1/50 – 1/80
- Diafragma:de plena abertura al punto óptimo (200 – 600 mm f6.3 – f8)
- ISO: automático y limitado a un máximo de 12800
- Estabilizador de imagen: desactivado al fotografiar con trípode

La espera para apretar el disparador
Primera noche:
Bien, ya tenía todo a punto: un buen sitio junto a la ventana, la Sony A1 + 200 – 600 mm en el trípode y la a7R IV + 100 mm – 400 mm lista en el alféizar.
Los ajustes, como he descrito arriba.
Quizá una cosa más: cuando tengo la cámara en el trípode, apago el estabilizador de imagen. Porque no se lleva bien con estar en trípode: intenta estabilizar la imagen todo el rato aunque la cámara esté quieta. Así no se obtiene un resultado tan nítido como con la estabilización desactivada. En este caso el estabilizador trabaja en contra.
Así que allí estaba yo, con el dedo en el disparador.😃
No tardó mucho, después de que el crepúsculo pasara a oscuridad, hasta que tuve ocasión de disparar la primera ráfaga. El búho había aterrizado a unos 20 m y, después de un rato quieto, se lanzó a cazar y pilló un pez del agua. Fue toda una experiencia poder observar a esta ave impresionante. Se repitió varias veces hasta la madrugada.
Era una pareja de búhos manchúes que salía a cazar para poder alimentar a sus crías. Por eso se daba más a menudo la ocasión de encontrar a estas aves grandes junto al río. Por desgracia los jóvenes no bajaban al cauce, pero se los oía llamar.
Mis reservas con el ISO alto también se disiparon. Hice algunos intentos de bajar el ISO, con resultados a veces buenos y a veces malos. Pero 12800 estaba bien, porque en las imágenes no hacía falta recortar mucho. La distancia entre la cámara y el búho llenaba el encuadre con el 600 mm y el 400 mm y era perfecta. Y así el ruido del ISO no se ve en las imágenes. Habría sido otra cosa si hubiera tenido que recortar mucho; eso sí habría estado más bien mal. Al final de la primera sesión tenía unas cuantas buenas imágenes, pero todavía no la foto en vuelo que esperaba. Vi esa noche como una especie de ensayo general para la siguiente noche de fotos.
En un proyecto así conviene siempre reservar al menos dos días, si es posible. Así aumentan las posibilidades de conseguir la imagen que uno se ha imaginado antes.
Segunda noche:
La segunda noche cambié de aguardo, de los contenedores al autobús de enfrente. Aquí estuve con una pareja de fotógrafos japoneses que esperaban el momento adecuado con un 400 mm f2.8 muy luminoso. Ahí sí que miré alguna vez con envidia hacia ese objetivo. 😃
Hablando con ellos descubrí que también tenían el objetivo de retratar al búho manchú acercándose de frente. Y nuestra idea común de poder hacer una imagen así se iba a cumplir esa misma noche.
También esa noche el búho pescador no se hizo esperar; la pareja de búhos llegó incluso junta al cauce. Al cabo de unos minutos el primero pilló un pez del agua y voló justo hacia nuestro escondite. Increíble: a la primera, la escena estaba en la caja. Aquello se repitió otra vez, y aproveché la ocasión para grabarlo también en vídeo.
El vídeo lo añadiré más adelante.

Conclusión
En total pude fotografiar al búho manchú durante 2 noches. Y volví a reunir unas cuantas experiencias. Salieron unos miles de imágenes, de las que al final quedaron solo unos cientos y, mirándolas de cerca, solo tres destacaban. ¡Y por esas mereció la pena!
Durante las dos noches hubo también otros encuentros con animales nocturnos. Por un lado, dos ciervos sika (Cervus nippon) entraron en la zona y tuvieron una breve discrepancia con uno de los dos búhos pescadores (ver imagen abajo). Un zorro rojo de Ezo cruzó también un momento el cauce, con una bolsa de salchichas vienesas en la boca. Eso me dejó algo desconcertado: por un lado, que llevara una bolsa de embutido de un lado a otro y, por otro, que pareciera que eran salchichas vienesas cortadas en trozos. No es precisamente el tipo de embutido típico de Japón.😜



Fue una experiencia estupenda poder observar a esta ave magnífica y dejarla en imagen y vídeo. Como el aguardo era bastante cómodo y nuestra habitación quedaba al lado, la actividad nocturna se llevaba bien. Salieron tomas muy buenas.
La localización en general nos resultó muy agradable: además de la buena comida casera que nos preparaba la dueña de la pensión, a lo largo de la costa existía también la posibilidad de observar pigargos de día. Desde allí salimos además en nuestras excursiones para ver osos y cachalotes. De eso, más en mis siguientes crónicas.
En conjunto, una visita obligada para cualquiera que vaya al parque nacional de Shiretoko y quiera observar o fotografiar a esta ave escasa sin querer intervenir de forma negativa en la naturaleza por su cuenta.



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Historia de la pensión
En los años ochenta el alojamiento era una pensión corriente de Rausu.
En 1989 un fotógrafo de naturaleza japonés, cliente habitual de la pensión, observó un búho manchú que pescaba en el cauce de enfrente. Ese fotógrafo intentó entonces atraer al búho manchú con peces vivos. Para eso acotó con piedras una zona pequeña del arroyo y metió peces como cebo. Su plan funcionó, y desde entonces este sitio fue durante mucho tiempo un secreto a voces entre los fotógrafos de naturaleza japoneses.
La pensión no hizo publicidad pública al respecto.
Aun así, el sitio se fue haciendo cada año más conocido solo por el boca a boca. La atención que despertaba este animal escaso fue tal que no solo los huéspedes de la pensión, sino también fotógrafos que no se alojaban allí, quisieron aprovechar la ocasión de fotografiarlo.
Por entonces la gente entraba todavía con el coche en la finca y fotografiaba desde él. Como no había normas de comportamiento fijadas, al cabo de un tiempo aquello se desmadró. Al caos de coches se sumó que algunos fotógrafos disparaban con flash, lo que hizo que el búho dejara de aparecer con regularidad. Hubo peleas por los mejores sitios de aparcamiento para fotografiar y otras conductas inapropiadas que al final no iban en beneficio del animal.
Así que se le puso freno a todo aquello: sin flash, sin coche, sin fotógrafos. A cambio se colocaron contenedores habitables como aguardo fotográfico. También un autobús viejo dado de baja se reconvirtió en aguardo, para poder fotografiar al búho desde otra posición.
Se fijaron normas de comportamiento para que no se moleste al animal. Por ejemplo, que no se puede salir del aguardo si el búho está cerca. Se prohibieron los flashes y, a cambio, se instalaron focos fijos que iluminan un tramo pequeño del curso de agua. Los coches tenían que dejarse en un aparcamiento a más distancia del sitio.
Como el búho manchú se ha vuelto muy escaso, el ministerio de Medio Ambiente controla cada mes que se cumplan todas las normas de protección del animal.
El sitio se ha hecho tan conocido que entre enero y febrero se dan cita allí fotógrafos de todo el mundo. En esos meses la pensión y el aguardo tienen el pico más alto de reservas. Ahí puede haber rápidamente 40 fotógrafos esperando de noche al búho manchú en los contenedores. Que esa época sea tan popular se debe a que los pigargos gigantes invernan en esta zona y son el gran imán para los fotógrafos de naturaleza de todo el mundo. Con lo que se añade, claro, esta ocasión única.


